Todo derecho es, antes que norma, relato: una arquitectura de palabras que ordena, nombra y clasifica el mundo con la misma ambición de dar forma a lo real que sostiene toda ficción, sin advertir que esa pretensión es precisamente lo que la literatura pone en crisis. Este libro parte de esa inquietud incómoda -que el edificio jurídico jamás fue ajeno al artificio como pretende- para construir un tratado que interroga, con rigor crítico, la vieja pretensión de neutralidad del discurso normativo.
El recorrido avanza por pliegues: primero desmonta la ilusión de un derecho autosuficiente, cerrado sobre su propia lógica; después se adentra en su lenguaje y expone sus vínculos con la retórica, esos mecanismos con que la ley, como un texto literario, escribe, omite, interpreta y legitima el relato oficial. De ahí surge el gesto más audaz: revelar que la noción de justicia no solo se sirve de la estructura de la ficción como mero recurso argumentativo, sino que es, en su fundamento último, un artificio que sostiene -con la misma creencia con que se sostiene un mito- toda arquitectura de autoridad.