La consolidación de los ecosistemas digitales como forma emergente de organización empresarial ha cuestionado la validez de las herramientas tradicionales del Derecho de la competencia. Plataformas como Apple, Google, Amazon o Meta han articulado redes de servicios y productos interconectados que trascienden los límites convencionales de los mercados relevantes. Estas estructuras, caracterizadas por la creación de importantes efectos de red, altos costes de cambio (lock-in), integración vertical, acumulación de datos y posiciones de intermediación estructural, han generado nuevas formas de poder económico que escapan del marco clásico de análisis centrado en mercados relevantes y cuotas de mercado estáticas.En estos entornos, la competencia se desarrolla de forma dinámica y multinivel: entre ecosistemas, dentro de ellos y entre plataformas y sus usuarios. Esta complejidad pone en tela de juicio la capacidad de los instrumentos antitrust convencionales para identificar y sancionar conductas anticompetitivas. Se requieren nuevas teorías del daño para abordar nuevas prácticas anticompetitivas que se desarrollan en el marco de ecosistemas, tales como el self-preferencing, las cláusulas de exclusividad o la explotación estratégica de datos.