El cine nos hace reír, llorar, temblar y pensar. Pero también nos forma. Como desde antiguo han hecho con nosotros las ficciones, modela, sin que lo notemos, lo que consideramos justo, deseable, bello o verdadero. Si la cultura es formación ûy no solo tradiciónû, ¿cómo influyen las películas en nuestra manera de entender el deseo y la política, el odio y la moral? Dándole la razón a Oscar Wilde û la vida imita al arte más que el arte a la vida û, García Cívico ha pensado la democracia y la ciudadanía, el amor y el delito, el mal y la virtud a través del cine. Cinematografía del espíritu es, ante todo, un ensayo de pensamiento que reflexiona desde la pantalla sobre las instituciones culturales, éticas y políticas, así como sobre las expectativas vitales y la identidad personal que construimos con imágenes. Somos el resultado de normas y de un sinfín de influencias y modelos; nos identificamos con lo que vemos, adoptamos una mirada, pero a menudo la pantalla nos despista. En el mundo real, el bien no es bello, ni la maldad fea, ni los héroes son santos, ni los monstruos son los otros y casi nunca hay happy end....