La provocación de la legítima defensa constituye una de las cuestiones más complejas y debatidas de la parte general del Derecho penal. En estos supuestos, el derecho de quien se enfrenta a una agresión actual e ilegítima puede verse limitado o incluso excluido como consecuencia de una conducta previa provocadora. Pese a la relevancia práctica y dogmática de esta problemática, su tratamiento sigue planteando importantes interrogantes sobre los límites de la legítima defensa y sobre los criterios que deben emplearse para valorar la responsabilidad de quien contribuye a generar la situación conflictiva.