Una sociedad democrática avanzada como pretende ser la española necesita un Derecho que en vez de convertirse en un obstáculo sea un instrumento para el progreso. Pero sobre todo exige que los juristas se comprometan con la Constitución, con sus valores y principios que de manera explícita figuran en el preámbulo y en el título preliminar. El retorno a nuestra Constitución abierta debe ser impulsada desde fuera del poder, desde una sociedad ilustrada que debiera poner gran parte de sus esfuerzos en la vuelta a los valores y principios de nuestra Constitución, del Derecho de la Unión Europea y del Derecho internacional.
No pierdo la esperanza en que este sueño se convierta algún día en realidad, pero en 2025 en que escribo este libro podría afirmarse que la utopía que se contiene en la Constitución de 1978 ha llegado a su fin.