El presente libro compendia una trayectoria de reflexión personal sobre un tema perenne: la belleza, la cual es abordada aquí desde un tema que no nos es ajeno, el habitar. Dos vivencias que nos proyectan existencialmente y que, aunque no siempre reparamos en ello, están profundamente vinculadas; al contemplar la belleza, el mundo se nos muestra más habitable, y en el habitar proyectamos un mundo, en el que la belleza juega un papel fundamental, porque eleva el tono existencial de lo que nos rodea y lo vuelve más próximo.
Como lo han hecho notar filósofos, teólogos y psicólogos, los seres humanos buscamos contemplar la belleza y ser tocados por ella, porque nutre el alma, es un faro que orienta y aporta sentido a nuestra vida. La contemplación de la belleza nos torna habitable el mundo y nos hace sentir una intimidad con él. Bajo su presencia se hace más diáfana la luz de la vida. Si como decía Heidegger, en el habitar somos, realizamos nuestro ser y nos vinculamos íntimamente con el mundo y los demás, al embellecer los sitios que fundamos, se pone de manifiesto nuestra vivencia profunda de ser y de saber habitar, y damos forma a nuestra vida que, entregada de forma libre al goce del espíritu, hace relucir el buen gusto, así como el cuidado y el respeto.