Sí, la bidivisión ideológica del mundo en clave-sexo tiene nutridos antecedentes, no solo los de orden biologicista. Primitivamente desempeñó tal papel de asignación colectivista la pertenencia a determinada tribu, después se trató de determinados estamentos o determinadas razas, más adelante ello llegó a verse como cuestión de determinadas clases económicas, actualmente se invoca lo sexual; o bien, puede venir a cumplir tal función de parteaguas absoluto algún otro elemento grupal de selección escogido (así las variadas especies de victimismo, aun sin contar el específicamente sexista, que la transformación del marxismo de economicista en «cultural» ha incorporado a la arena política de nuestros días). Sea cual fuere el rasgo colectivista extractado por la respectiva ideología, ello se proclama entonces como lo decisivo en-sí-y-por-si para fijar la ordenación social. Se entiende que ese unifactor social supremo (identificado como fuere: tribu o clase o raza o sexo...) es lo determinante en todo, tanto para comandar absolutamente las estructuras globales de cada sociedad como asimismo para regir en cada una de sus instituciones particularmente. Y lo cierto es que, si bien se mira, la bidivisión biológica sociocategorial por «género» no es menos voluntarista que si a un grupo sensible de personas se les ocurriese, por ejemplo, que deban tomarse medidas sociales para paliar las «inequidades» de peso o de estatura o de belleza física o de...