A comienzos de la Edad Moderna, en el preludio de las Comunidades de Castilla, los Fernández de Velasco, condes de Haro (1430), condestables de Castilla (1473) y duques de Frías (1492), se encontraban plenamente asentados en Burgos, ciudad realenga en la que habían establecido su residencia principal a finales del siglo XV con la edificación del palacio conocido como la Casa del Cordón. Además, los titulares del linaje construyeron la capilla de la Purificación en la catedral, en la que se mandaron enterrar, convirtiendo así a Burgos en el nuevo centro simbólico y político de su señorío.
Su influencia política y social fue el resultado de un largo proceso histórico, sostenido desde finales del siglo XIV sobre la base de unas relaciones cooperativas con la ciudad y sus vecinos, que permitió su inserción en las estructuras sociopolíticas urbanas. Gracias al capital social y relacional, lograron insertar a finales de la Edad Media a varios de sus servidores en puestos destacados del gobierno urbano como las regidurías, las alcaldías o la escribanía mayor.