Cada año, los adolescentes se enfrentan a la lectura de obras literarias, tanto clásicas como juveniles, propuestas por sus profesores de Lengua Castellana y Literatura con el objetivo de fomentar el gusto por la lectura. Aunque a simple vista pueda parecer una tarea sencilla, en realidad suele convertirse en un verdadero desafío debido a la distancia que a menudo existe entre los estudiantes y los libros: algunos títulos no logran despertar su interés y, en muchos casos, optan por acudir directamente a resúmenes que sustituyen al texto original.
A esta dificultad se suma la enorme cantidad de estímulos externos que reciben fuera del aula: las redes sociales, las plataformas digitales y la amplia oferta de ocio que compite constantemente por su atención. Todo ello complica aún más el acercamiento a la lectura.