La celebración del Sínodo de la Familia en 2014 y 2015 supuso un revulsivo para la pastoral familiar y también para el derecho matrimonial, sustantivo y procesal, dando lugar a la reforma de los procesos de nulidad y de otros cánones del Código, por medio de los m.p. Mitis Iudex y De concordia inter Codices del papa Francisco, así como a otras novedades doctrinales y pastorales. Entre estas, destacan el documento de la Comisión Teológica Internacional La reciprocidad entre fe y sacramentos en la economía sacramental, de 2020, que profundiza en el papel de la fe o de su ausencia en la validez y sacramentalidad del matrimonio; y los Itinerarios catecumenales para la vida matrimonial de 2022, del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, que invitan a reformar los procesos de formación y de admisión al matrimonio, así como el acompañamiento de novios y matrimonios jóvenes.
Por otro lado, la conclusión del Sínodo sobre la Sinodalidad (2021-2024), en cuya fase de recepción e implementación nos encontramos, anima a un replanteamiento de la ministerialidad bautismal, que alcance también al ámbito matrimonial y familiar como campo de mayor implicación por parte de los matrimonios, de agentes de pastoral, y de otros fieles que, desde su competencia profesional o desde la asunción de oficios eclesiásticos en el tribunal, prestan un servicio pastoral cualificado en bien del matrimonio y la familia.