Vivimos tiempos de gran incertidumbre económica, política e incluso militar, con unos bancos centrales que se han erigido en estandarte del intervencionismo financiero, sustituyendo a los mercados en la fijación de los tipos de interés del dinero, amén de esa extraña nueva economía de las criptomonedas, que ni son un activo, ni son dinero ni tienen ningún valor, aunque sí precio entre los jugadores de ese casino que se ha formado en Internet. En estos procelosos tiempos que nos ha tocado vivir es preciso contrastar los fundamentos y principios sobre los que basamos nuestro análisis, huyendo de inmutabilidades que, en el fondo, no son otra cosa que un cierto grado de "vaguería" intelectual. El aprendizaje de cualquier disciplina tiene que ser permanente. Tenemos que cuestionarnos siempre los fundamentos sobre los que realizamos nuestro análisis, y en particular el económico, tan variopinto, tan cambiante. La economía no es una ciencia estática, sino dinámica y mutable, y citar aserciones de hace décadas porque le conviene al político de turno resulta cuando menos triste. No es que los modelos matemáticos, financieros o econométricos no sean útiles para analizar el mundo económico, pero no lo son si se convierten en una religión para legiones de economistas que el último libro que estudiaron data de la fecha en la que le pusieron el birrete en la fiesta de fin de carrera. En Economía no existe la religión, sino los hechos....